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Hablar de María sin referirme a su cuna, sería tanto como ensalzar la flor (y valga el piropo por lo bien conservada que está a sus 89 años) con olvido del arbusto del que ésta germina, crece y se desarrolla. Su padre, que también es el mío, de nombre Ramón Félix Surigué, nació en el pueblo de Alcampell, provincia de Huesca, un frío seis de febrero de mil ochocientos ochenta y dos, en el seno de una familia humilde que en el pueblo es conocida con el sobrenombre de casa de ‘La Morena’. (No sé el motivo del apodo, pero cabe colegir que obedece a la existencia en la familia de una morena de rompe y rasga.)
Desde niño papa destacó por su gran inteligencia y no tardó mucho tiempo en asumir la responsabilidad de la familia, que se componía de sus padres, Ramón Félix Simó y María Surigué Brualla (en cuanto a los apellidos Félix y Surigué aparecen documentos de mi padre en los que firma Félis, con ‘s’ y Xurigué o Sorigué, y en tal forma constan tales apellidos en alguna partida de nacimiento), y sus hermanos María, Juan, Genís, Margarita y Antonia (familiarmente Toñeta), de los cuales, en la actualidad, sólo vive la última. Allí donde mi padre se colocaba, allí que se llevaba consigo al clan familiar, que antes de casarse lo formaba sus padres, hermanos y hermanas, y que luego se aumentó con el marido de su hermana María, Antonio Larrull, y los hermanos de mamá, Joaquín y Vicente, a los cuales en las obras que construía los empleaba en calidad de canteros o capataces a sus ordenes. El tío Genís, como el tío Vicente, fallecieron jóvenes.
Al escribir sobre los inicios de mi padre me rueda por la cabeza un vocablo que en innumerables ocasiones le había oído pronunciar: “carrilano". Busco en el Diccionario de la R.A.E. 21ª edición y las dos acepciones que me ofrece ninguna coincide con el sentido trashumante que papa daba a esa palabra. No podemos olvidar que la fiebre del ferrocarril, cuyo inicio tuvo lugar en la década del 1830 con la locomotora de George Stephenson, se introduce en España en 1837 con el ferrocarril de la Habana, siendo el primero en la Península el que une Barcelona con Mataró, que se inauguró el 28 de octubre de 1848, alcanzando la fiebre de tendido de la red viaria a partir del año 1850. El desplazamiento constante de los trabajadores que colocaban los carriles, hizo que por antonomasia se conociera como ‘carrilano’ toda persona que se desplazaba de una a otra obra, sin que la misma fuese preciso se tratara de ferrocarriles.
Nuestro padre fue autodidacta, si bien encauzó sus estudios bajo la supervisión de una escuela por correspondencia radicada en Valencia, conocida con el nombre de Escuela Cervera, que le libró el título de Ingeniero Civil, con aprovechamiento.
Conservo una carpeta con varios certificados que evalúan con encomio la labor desarrollada por nuestro padre en las diversas obras en las que prestó sus servicios: Los contratistas ‘Struck Hermanos’ de Barcelona acreditan el 31 de diciembre de 1902, que ‘como Encargado General de las construcciones de obras de fábrica, explanaciones y asuntos de vía de todas clases, lo mismo en ferrocarriles económicos, que en las vías eléctricas’ demostró ‘el celo e inteligencia con que los ha desempeñado’. Los Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos don Félix de los Ríos Martín, don Manuel Morales y Tello, don Severino Bello y Poeyusan, y don Diego Mayoral Estremiana, en sendos certificados respectivamente hacen constar sobre papa lo siguiente: El señor de los Ríos en 15 abril 1907, que en el Canal de Aragón y Cataluña, ‘como sobre-capataz y encargado de destajos de obras de tierra y de fábrica ha demostrado excepcional inteligencia ‘; el señor Morales el 26 de abril de 1912, que como sobre-capataz a sus ordenes, ‘durante más de tres años en las obras de la 2ª Sección del Canal de Aragón y Cataluña y como destajista en las de la Acequia de la Magdalena’ demostró ‘excelente aptitud para dichos cargos e irreprochable conducta’; el señor Bello en 13 de junio de 1912, como Director de las Obras del Pantano de la Peña, que ‘encargado por contrata y a destajo en importantes trabajos’ demostró ‘notable disposición para organizar convenientemente el personal obrero y los medios auxiliares de la construcción, como, así mismo, conducta ejemplar en todo el tiempo de su desempeño, que ha comprendido desde junio de 1909 hasta 13 de junio de 1912’. Y, por último, el señor Mayoral, que fue Director de Catalana de Gas y Electricidad, en 9 de junio de 1937 certifica que a sus órdenes, estuvo ‘en calidad de Jefe Constructor, encargado de las importantes obras de los Saltos de El Run, Puente Argoné y Campo, en la provincia de Huesca,’... ‘desde el comienzo hasta la completa terminación de dichas obras, en el periodo de 1912 a 1929, prestando eminentes servicios a la entidad propietaria, por su inteligencia, celo y laboriosidad, y a la más completa satisfacción del firmante, lo que se complace en manifestar sin la menor reserva.’ Hay también en dicha carpeta las escritura original de Poderes otorgados por Catalana de Gas y Electricidad S. A. a favor de nuestro padre, autorizados por el Notario de Barcelona don Antonio Gallardo y Martínez en 16 de marzo de 1925, en el que se le confiere ‘la representación y personalidad de la Sociedad citada’
Nuestro padre sólo tuvo una meta en su vida: el trabajo, al punto que en aras de esa pasión que le dominaba incurrió en el nefasto pecado de descuidar su salud. Desde joven se vio afecto de bronquitis asmática y ulcera estomacal que le llevaron por el camino de la amargura, falleciendo a causa de un ataque de uremia producida por la primera de dichas enfermedades en la noche del 19 de abril de 1942, a los sesenta años de edad.
Eran aproximadamente las ocho de la mañana de ese fatídico día cuando un angustioso grito de mamá resonó por toda la casa.. Por celebrarse el ‘Día de la Unificación’ y ser festivo yo aún no me había levantado de la cama y estaba leyendo la Historia de Francia. Por la noche, como tantas otras noches, había ido a buscar al Dr. Irigoyen, (¿o tal vez fuera el Dr. Monroset?), para que lo asistiera, y como en tantas ocasiones la sola presencia del médico fue suficiente para calmar el angustioso ahogo que ponía a morir a papa.
Al oír el grito de mamá acudí presuroso a su habitación, y allí estaba él sobre su cama, inerte, el esparadrapo, que le era preciso desde que dieciocho años antes sufrió una embolia, sujetando cerrados los párpados de un ojo, la boca torcida, también por causa de esa embolia, y abierta como siempre por la dificultad en respirar. Su aspecto, sin embargo, era sereno, sin denotar ningún síntoma de sufrimiento. La muerte debió ocurrir mientras dormía, pues mamá desde la cama vecina no advirtió ninguno de los característicos desasosiegos, que normalmente se manifestaban en sus habituales ataques asmáticos Telefoneamos de inmediato al médico de urgencias, el cual llegó con gran retraso, y en nada sirvió la inyección que le puso. Certificada su muerte, mama y yo procedimos a vestirlo para su último e irrepetible viaje sin retorno. Está enterrado en el Cementerio de las Corts, en el propio nicho nº 8263 en el que en 1931 se enterró a la abuela Joaquina Fumás, situado en el piso 6º de la Isla 5.
No recuerdo que nuestro padre en su vida leyera ningún libro que no tratase de temas de su profesión. Tan sólo la novela ‘El túnel’, no la escrita por Ernesto Sábato, sino otra anterior, que si la memoria no me falla fue escrita por un Ingeniero y se refería a las vicisitudes ocurridas con motivo de su construcción, fue objeto de la predilección de papa, no por haberla leído, sino porque se la leyeron.
Al acabar la construcción de los saltos del Esera, la Catalana de Gas y Electricidad (en lo sucesivo, la Compañía cuando haga referencia a Seira) concesionaria de los mismos, procedió a arrendarlos con todo su patrimonio eléctrico a la SAFO, y posteriormente a la Cooperativa de Fluido Eléctrico, la cual, por mandato legal, el año 1942 cambió el nombre de Cooperativa por el de Compañía. Siguiendo las vicisitudes de los arrendamientos, mi padre como formando parte del patrimonio eléctrico, pasó a prestar sus servicios a cada compañía arrendataria, pero ya con domicilio en Barcelona, a donde fue destinado en el año 1929. Precisamente prestando sus servicios a la Compañía de Fluido Eléctrico es cuando le sobrevino la muerte.
Desde niño papa destacó por su gran inteligencia y no tardó mucho tiempo en asumir la responsabilidad de la familia, que se componía de sus padres, Ramón Félix Simó y María Surigué Brualla (en cuanto a los apellidos Félix y Surigué aparecen documentos de mi padre en los que firma Félis, con ‘s’ y Xurigué o Sorigué, y en tal forma constan tales apellidos en alguna partida de nacimiento), y sus hermanos María, Juan, Genís, Margarita y Antonia (familiarmente Toñeta), de los cuales, en la actualidad, sólo vive la última. Allí donde mi padre se colocaba, allí que se llevaba consigo al clan familiar, que antes de casarse lo formaba sus padres, hermanos y hermanas, y que luego se aumentó con el marido de su hermana María, Antonio Larrull, y los hermanos de mamá, Joaquín y Vicente, a los cuales en las obras que construía los empleaba en calidad de canteros o capataces a sus ordenes. El tío Genís, como el tío Vicente, fallecieron jóvenes.
Al escribir sobre los inicios de mi padre me rueda por la cabeza un vocablo que en innumerables ocasiones le había oído pronunciar: “carrilano". Busco en el Diccionario de la R.A.E. 21ª edición y las dos acepciones que me ofrece ninguna coincide con el sentido trashumante que papa daba a esa palabra. No podemos olvidar que la fiebre del ferrocarril, cuyo inicio tuvo lugar en la década del 1830 con la locomotora de George Stephenson, se introduce en España en 1837 con el ferrocarril de la Habana, siendo el primero en la Península el que une Barcelona con Mataró, que se inauguró el 28 de octubre de 1848, alcanzando la fiebre de tendido de la red viaria a partir del año 1850. El desplazamiento constante de los trabajadores que colocaban los carriles, hizo que por antonomasia se conociera como ‘carrilano’ toda persona que se desplazaba de una a otra obra, sin que la misma fuese preciso se tratara de ferrocarriles.
Nuestro padre fue autodidacta, si bien encauzó sus estudios bajo la supervisión de una escuela por correspondencia radicada en Valencia, conocida con el nombre de Escuela Cervera, que le libró el título de Ingeniero Civil, con aprovechamiento.
Conservo una carpeta con varios certificados que evalúan con encomio la labor desarrollada por nuestro padre en las diversas obras en las que prestó sus servicios: Los contratistas ‘Struck Hermanos’ de Barcelona acreditan el 31 de diciembre de 1902, que ‘como Encargado General de las construcciones de obras de fábrica, explanaciones y asuntos de vía de todas clases, lo mismo en ferrocarriles económicos, que en las vías eléctricas’ demostró ‘el celo e inteligencia con que los ha desempeñado’. Los Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos don Félix de los Ríos Martín, don Manuel Morales y Tello, don Severino Bello y Poeyusan, y don Diego Mayoral Estremiana, en sendos certificados respectivamente hacen constar sobre papa lo siguiente: El señor de los Ríos en 15 abril 1907, que en el Canal de Aragón y Cataluña, ‘como sobre-capataz y encargado de destajos de obras de tierra y de fábrica ha demostrado excepcional inteligencia ‘; el señor Morales el 26 de abril de 1912, que como sobre-capataz a sus ordenes, ‘durante más de tres años en las obras de la 2ª Sección del Canal de Aragón y Cataluña y como destajista en las de la Acequia de la Magdalena’ demostró ‘excelente aptitud para dichos cargos e irreprochable conducta’; el señor Bello en 13 de junio de 1912, como Director de las Obras del Pantano de la Peña, que ‘encargado por contrata y a destajo en importantes trabajos’ demostró ‘notable disposición para organizar convenientemente el personal obrero y los medios auxiliares de la construcción, como, así mismo, conducta ejemplar en todo el tiempo de su desempeño, que ha comprendido desde junio de 1909 hasta 13 de junio de 1912’. Y, por último, el señor Mayoral, que fue Director de Catalana de Gas y Electricidad, en 9 de junio de 1937 certifica que a sus órdenes, estuvo ‘en calidad de Jefe Constructor, encargado de las importantes obras de los Saltos de El Run, Puente Argoné y Campo, en la provincia de Huesca,’... ‘desde el comienzo hasta la completa terminación de dichas obras, en el periodo de 1912 a 1929, prestando eminentes servicios a la entidad propietaria, por su inteligencia, celo y laboriosidad, y a la más completa satisfacción del firmante, lo que se complace en manifestar sin la menor reserva.’ Hay también en dicha carpeta las escritura original de Poderes otorgados por Catalana de Gas y Electricidad S. A. a favor de nuestro padre, autorizados por el Notario de Barcelona don Antonio Gallardo y Martínez en 16 de marzo de 1925, en el que se le confiere ‘la representación y personalidad de la Sociedad citada’
Nuestro padre sólo tuvo una meta en su vida: el trabajo, al punto que en aras de esa pasión que le dominaba incurrió en el nefasto pecado de descuidar su salud. Desde joven se vio afecto de bronquitis asmática y ulcera estomacal que le llevaron por el camino de la amargura, falleciendo a causa de un ataque de uremia producida por la primera de dichas enfermedades en la noche del 19 de abril de 1942, a los sesenta años de edad.
Eran aproximadamente las ocho de la mañana de ese fatídico día cuando un angustioso grito de mamá resonó por toda la casa.. Por celebrarse el ‘Día de la Unificación’ y ser festivo yo aún no me había levantado de la cama y estaba leyendo la Historia de Francia. Por la noche, como tantas otras noches, había ido a buscar al Dr. Irigoyen, (¿o tal vez fuera el Dr. Monroset?), para que lo asistiera, y como en tantas ocasiones la sola presencia del médico fue suficiente para calmar el angustioso ahogo que ponía a morir a papa.
Al oír el grito de mamá acudí presuroso a su habitación, y allí estaba él sobre su cama, inerte, el esparadrapo, que le era preciso desde que dieciocho años antes sufrió una embolia, sujetando cerrados los párpados de un ojo, la boca torcida, también por causa de esa embolia, y abierta como siempre por la dificultad en respirar. Su aspecto, sin embargo, era sereno, sin denotar ningún síntoma de sufrimiento. La muerte debió ocurrir mientras dormía, pues mamá desde la cama vecina no advirtió ninguno de los característicos desasosiegos, que normalmente se manifestaban en sus habituales ataques asmáticos Telefoneamos de inmediato al médico de urgencias, el cual llegó con gran retraso, y en nada sirvió la inyección que le puso. Certificada su muerte, mama y yo procedimos a vestirlo para su último e irrepetible viaje sin retorno. Está enterrado en el Cementerio de las Corts, en el propio nicho nº 8263 en el que en 1931 se enterró a la abuela Joaquina Fumás, situado en el piso 6º de la Isla 5.
No recuerdo que nuestro padre en su vida leyera ningún libro que no tratase de temas de su profesión. Tan sólo la novela ‘El túnel’, no la escrita por Ernesto Sábato, sino otra anterior, que si la memoria no me falla fue escrita por un Ingeniero y se refería a las vicisitudes ocurridas con motivo de su construcción, fue objeto de la predilección de papa, no por haberla leído, sino porque se la leyeron.
Al acabar la construcción de los saltos del Esera, la Catalana de Gas y Electricidad (en lo sucesivo, la Compañía cuando haga referencia a Seira) concesionaria de los mismos, procedió a arrendarlos con todo su patrimonio eléctrico a la SAFO, y posteriormente a la Cooperativa de Fluido Eléctrico, la cual, por mandato legal, el año 1942 cambió el nombre de Cooperativa por el de Compañía. Siguiendo las vicisitudes de los arrendamientos, mi padre como formando parte del patrimonio eléctrico, pasó a prestar sus servicios a cada compañía arrendataria, pero ya con domicilio en Barcelona, a donde fue destinado en el año 1929. Precisamente prestando sus servicios a la Compañía de Fluido Eléctrico es cuando le sobrevino la muerte.
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